“NO NOS PODEMOS SEGUIR ENCASILLANDO EN NUESTROS QUEHACERES COMO ADENTRO DE LOS CAJONES DE UN ESCRITORIO”
Entrevista a Margarita Alvarado
Por Pablo Lo Presti y Julio Vezub
Margarita Alvarado es Investigadora Académica del Instituto de Estética de la Universidad Católica de Chile, y su nombre se encuentra fuertemente ligado al análisis de la imagen fotográfica del pasado chileno, y las formas en que estas fotografías han determinado una particular imagen de nuestros pueblos originarios. Entre su trabajo más relevante se encuentran los libros “Mapuche. Fotografías Siglos XIX y XX. Construcción y Montaje de un imaginario”, y “Fueguinos. Fotografías Siglos XIX y XX. Imágenes e imaginarios del fin del mundo”, que ha publicado con el equipo multidisciplinario al cual dirige. En este rumbo, además, está preparando un nuevo trabajo sobre los pueblos andinos.Se encuentra también preparando su tesis doctoral, en el marco de la cual estuvo presente en nuestra zona, bajo la co-tutoría del doctor Julio Vezub. Con ella conversamos sobre estos y otros temas.
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¿De qué manera te parece que los estudios de la estética, tanto histórica como contemporánea, pueden ayudar o suman a los estudios de la sociedad en general?

Ahí te tengo que contestar siguiendo a mi maestro Fidel Sepúlveda, que fue el gran formador nuestro en el Instituto de Estética, hace quince años atrás, en un momento en el que la estética que se estudiaba era la clásica, la que comúnmente se entiende en relación a la belleza y al arte occidental. Y Fidel, junto a otros profesores, rompiendo con esta visión comenzó a trabajar con toda una línea que tenía que ver con las expresiones populares, el folclore y lo que comúnmente se llama artesanía, y dentro de esta nueva visión, también, los pueblos originarios.
Creo yo que en el Instituto de Estética hemos logrado desarrollar una línea de producción y de trabajo que intenta justamente reflexionar sobre el fenómeno de la estética, asociado a cualquier manifestación de la vida, desde lo cotidiano hasta lo trascendente. Y en ese sentido, sacarlo un poco del molde de la estética solamente asociada a la belleza occidental. Todo tiene su estética, todo tiene su posibilidad de abordarse estéticamente. Entonces hemos elaborado algunas líneas de investigación que se relacionan con manifestaciones de los pueblos originarios, con la oralidad, con la música, con el teatro, con el cine, con la imagen en general, considerando sus aspectos en la posibilidad de abordar estéticamente cualquier problemática y desmenuzar e intentar conocer nuevas vías de significación, representaciones, las implicancias sociales de esas manifestaciones.
Creo que por ese lado la estética aporta muchísimo a crear una visión de lo social más general.
Uno que sigue este tipo de estudios, atento a lo que producen, desde este lado de la cordillera, ve que llevan adelante la edición de estudios de mucho espesor. ¿Cómo ven ustedes esto desde adentro, comparándose con otros puntos de América Latina?
Tal vez comparándonos con Argentina, que es un espacio que yo conozco bastante por vinculaciones con gente que trabaja el tema de la fotografía y el cine, creo que nosotros hemos logrado avanzar un poquito más en eso. Algo que también hemos logrado, en realidad, al interior de nuestro país. Porque esta idea de la interdisciplina y de combinar metodologías y aparatos teóricos de la antropología, la historia, de las ciencias sociales en general, en la indagación de un problema, es una relativa novedad. Cuando nosotros partimos en el año noventa y ocho, era una idea que nadie la tenía en práctica, y estos últimos años ha ido prendiendo cada vez más.
Y hoy día, en este período que me ha tocado estar aquí, me voy llevando una grata sorpresa porque veo que aquí también, si bien con algunas dificultades y algunos problemas que resolver, se está avanzando en el mismo camino. No nos podemos seguir encasillando en nuestros quehaceres como adentro de los cajones de un escritorio. Tenemos que ser capaces de estar en la superficie, conectando con otros profesionales de las ciencias sociales, y elaborar investigaciones y abordar problemáticas en conjunto, porque de esa manera yo creo que todos nos enriquecemos. Al fin y al cabo lo que queremos es conocernos como sociedad, conocernos como país, conocer nuestro pasado.
Tal vez los dos trabajos mejor logrados que han realizado al respecto son los de “Mapuches…” y “Fueguinos…”. ¿Cómo lograron llevar adelante esa articulación interdisciplinaria con tanta precisión?
En primer lugar tuvimos la fortuna de tener financiamiento del Estado, a través de los proyectos FONDECIP, que es el equivalente del CONICET de acá, con la diferencia que allá nosotros no somos investigadores de planta, sino que tenemos que concursar. Uno presenta proyectos que pueden durar uno, dos, tres o cuatro años, hasta que el proyecto termina. Y si usted quiere continuar en la línea de investigación tiene que volver a postularse.
En ese sentido nos resultó bastante difícil al comienzo, porque hicimos un par de intentos que no nos resultaron, hasta que finalmente logramos ganar el primer proyecto que fue el de “Mapuches…”, en esta línea interdisciplinaria, que fue como el nudo fundamental de lo que nosotros presentamos como problema de estudio. Cómo, desde distintas áreas de las ciencias sociales, podíamos abordar el problema de la representación en la fotografía, su producción, su circulación, sus significaciones, su técnica, etc., desde estas tres perspectivas de la historia, la antropología y la estética.
Y bueno, al principio también fue una aventura porque ninguno de nosotros había trabajado interdisciplinariamente, entonces nos costó un poquito al principio, pero finalmente yo creo que logramos un buen resultado.
¿Cómo conectás tu desarrollo en el campo de la iconología y la estética, en relación con tu recorrido y con tu trayectoria militante?
Yo creo que una postura política en la vida implica tener ciertos valores y tener ciertas metas. Y esas metas no están sólo en la vida militante, en aquello que uno desea para su país, desde el punto de vista político, de una reforma social, sobre todo en nuestros países en los que hemos pasado tantas vicisitudes en el plano de los Derechos Humanos, etc. Yo creo que una actitud militante significa que uno también, en su desarrollo profesional, debe ser consecuente con esa manera de pensar, porque en último término parte de lo que nosotros hacemos tiene como objetivo que se visibilice a los pueblos indígenas como una realidad viva, actual, ahora. Ellos no están muertos como muchos pretenden. Existen en Chile y existen en América Latina. Y muchas de las problemáticas que tienen hoy día pasan por esta invisivilización que se ha hecho de ellos. No sólo desde los discursos oficiales en cuanto a la historia; que no se cuenta la historia, que se habla de “la pacificación de la Araucanía” cuando nosotros sabemos que eso no fue “pacificación”; sino que tiene que ver también con la cultura, con los valores, con las creencias, con la manera de ver el mundo… pero tampoco cayendo en una onda new age, pensando que todo lo indígena es maravilloso, que es un equilibrio fantástico y que todo es perfecto, sino que son sociedades como cualquiera, que tienen conflictos y problemas, pero que también tienen muchos valores que son parte de nuestra historia y de nuestra identidad como americanos. Y digo americanos porque justamente, en nuestras investigaciones, una de las primeras cosas que hicimos fue la de sacar las fronteras republicanas.
Yo creo que en ese sentido, todos en el grupo de estudio compartimos esa inquietud, ese deseo de no sólo desarrollar un conocimiento científico.
¿Cómo se combina esta perspectiva ético-política que vos llevás adelante, con tu lugar como catedrática en la Pontificia Universidad Católica de Chile?
Bueno, yo creo que se combinan muy bien porque en el instituto donde yo trabajo hay una manera de pensar muy similar a la que yo planteo, y la mayoría de la gente que allí trabaja es gente con inquietudes, con preguntas frente a la problemática de lo que está pasando en nuestro país, no sólo ahora sino también lo que pasó años atrás. Y afortunadamente, considerando que es una universidad católica, tiene suficiente apertura como para aceptar diferentes perspectivas.
Y ya que estamos hablando de política. ¿Cuál es tu balance o tu visión de la actual crisis política en Chile en relación al sistema educativo?

Bueno, nosotros en la Universidad Católica hemos tenido, aunque minoritariamente, una expresión frente a esta crisis. Yo estoy totalmente de acuerdo con el movimiento estudiantil, y lo apoyo plenamente. Creo que el movimiento estudiantil no sólo plantea problemas que tienen que ver con el acceso a la educación y con el futuro que alguien puede tener como profesional, sino también plantea problemáticas que se relacionan con la pregunta de hacia dónde vamos y qué queremos como sociedad.
Y en ello los estudiantes han sido muy valientes y muy precisos al cuestionar justamente este destino y plantear el tema de la educación dentro del cuestionamiento de nuestro derrotero como sociedad. Y hay que ver cómo hay que ir solucionando las principales contradicciones y coyunturas que nos están ahogando dentro de este sistema, y que tienen que ver con el derecho a educarse y a la salud, que son dos de los derechos más básicos que un ser humano debe tener cumplidos para que una sociedad funcione y vaya adelante.
En este sentido, la movilización estudiantil no sólo se remite a las reivindicaciones puntuales, sino que tiene estas otras ramificaciones y nosotros, académicos de nuestra universidad, consecuentes con nuestra manera de pensar, con nuestra manera de creer que el conocimiento debe llegar a la máxima cantidad de gente, y que esto va a permitir un desarrollo más equitativo e igualitario en nuestro país —no en el sentido de que todos tenemos que ser iguales, sino en el sentido de que todos tenemos que tener las mismas posibilidades—, algunos profesores de nuestra universidad hemos tratado de aportar en este aspecto organizándonos, participando, intercambiando opiniones, conversando con los estudiantes, sobre todo con aquellos que no piensan así, pero con los cuales uno puede dialogar, conversar, como tiene que ser en un recinto académico, sin miedo a las diferencias y a la diversidad, porque no todos podemos pensar igual.
Desde aquí pareciera que ésta que se da en la educación no es una crisis pasajera, sino más bien parece ser un punto de inflexión en el estado de cosas…
No, efectivamente, no es una crisis pasajera.
En un primer momento el gobierno actual jugó un poco a dejar fluir las cosas pensando que el movimiento se iba a desgastar como sucedió con el “movimiento pingüino” que estalló en los últimos años de la presidenta Bachelet…
El movimiento Pingüino fue el de los estudiantes de enseñanza media, ¿no? Por el uniforme los llamaron así…
Claro, por el uniforme lo llaman el “movimiento pingüino”, y fue el movimiento que explotó en los últimos años de la presidenta Bachelet… y yo creo que el gobierno actual jugó un poco a eso, pensando que en algún momento todo iba a diluirse, y se ha tenido que ir dando cuenta que no, que al contrario, que esto se ha ido cada vez revitalizando y creciendo.
Hay una última encuesta en la que el ochenta por ciento de la gente opinaba que es absolutamente necesario hacer una reforma en la educación. Y ahora los estudiantes lo que están tratando de plantear es qué tipo de reforma es la que hay que llevar adelante. Y ahí entonces está el punto de mayor enfrentamiento con el gobierno, porque ellos plantan la educación pública y gratuita como uno de los puntos fundamentales.
Nosotros en nuestro país teníamos una educación pública de excelencia, y eso en la época de la dictadura fue echado abajo, ya que se privatizó la educación.
Y ahora, por lo que se está luchando, es para que esto se revierta…