La realidad material y las experiencias se traducen en discursos que forman parte del campo de batalla de las relaciones sociales y el cine forma parte de esos discursos, incluidas las disputas sobre el pasado. Los historiadores no podemos permitirnos desconocer lo ficcional, ya que lo imaginario colectivo es la vía indirecta de una verdad histórica en su carácter simbólico. Si por otra parte entendemos que los sujetos sociales y sus identidades están en permanente proceso de conformación, en el que la mediación representacional y simbólica juega un papel concreto, la utilización del cine como herramienta de investigación histórica se vuelve ineludible.
En el presente artículo presentamos dos films, Guerreros y Cautivas (Cozarinsky, 1994) y Flores amarillas en la ventana (Ruiz, 1996), que ubican sus relatos en 1880 y 1921 respectivamente. Nos permiten reflexionar sobre dos momentos claves de la historia de la región: la finalización de la guerra por la conquista de Pampa y Patagonia –y consolidación del Estado-Nación- y la segunda huelga de obreros en Santa Cruz, brutamente reprimida.Analizar las películas filmadas en Patagonia aporta a su conocimiento, construido a partir de las experiencias de los sujetos, sus identidades y prácticas, y su rediseño y actualización por las múltiples relaciones que entablan.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada